Análisis de una destransacción: Carlos Correa de costa a costa

    Traducido por José M. Hernández Lagunes

    Nota del autor: Traté de decirle a mi editor que no podía escribir este artículo porque violaría las reglas federales de protección de datos personales. Fui informado que no soy lo suficientemente pudiente para que esta excusa funcionase.

    Los San Francisco Giants firman al SS agente libre Carlos Correa a un contrato de 13 años y $350 millones de dólares.

    Los New York Mets firman al 3B agente libre Carlos Correa a un contrato de 12 años y $315 millones.

    El martes por la mañana, los San Francisco Giants pospusieron bruscamente una rueda de prensa programada para presentar a Carlos Correa como la nueva estrella del equipo. En nuestro análisis de transacción, explicamos que $350 millones de dólares y 13 años eran cifras muy elevadas, pero que también guardaban una estrecha correlación con el ethos de la franquicia. Se trataba de un equipo que aspiraba a ser como los Dodgers y los Cardinals, equipos que se negaban a pasar por ciclos o a renunciar a la competencia. Estaba bien pagar a Correa para que se quedara para siempre, porque el objetivo era ser bueno para siempre.

    Es… bueno, no es una opinión que haya envejecido particularmente bien, en el siglo que ha sido la última semana del béisbol. Los Dodgers han decidido regalarse un poco de reconstrucción, y los Giants se han metido en años de olvido beisbolístico, iniciando una perdurable rivalidad por el cuarto puesto con los Rockies de Colorado.

    Una rápida cronología de los acontecimientos: alrededor de la medianoche, hora del Pacífico, Jon Heyman informó que Correa había firmado un contrato con los Mets. Susan Slusser, reportera del San Francisco Chronicle, se desmañanó para corroborar la historia media hora más tarde, diciendo sólo que los directivos del equipo y los representantes de Correa no pudieron llegar a un acuerdo sobre los resultados del examen físico del jugador estrella. El agente de Correa, Scott Boras, tiene fama de negarse a negociar por motivos médicos—las negociaciones entre J.D. Drew y los Boston Red Sox en 2006 se estancaron durante semanas por este motivo, y Boras y su cliente acabaron imponiéndose—lo que supuso la oportunidad perfecta para que Steve Cohen volviera a entrar en la discusión y se hiciera con uno de los mejores jugadores de posición del béisbol.

    De acuerdo con Boras, según relató Slusser, los Giants indicaron después de la conferencia de prensa cancelada que todavía querían negociar, pero nunca llegaron a hacerlo. También declaró que el origen del conflicto era antiguo, lo que hace probable que se trate de la fractura en la parte inferior de la pierna que el jugador sufrió en Doble-A, una que desde entonces nunca le ha hecho ir a la lista de lesionados. Según el presidente de los Giants, Farhan Zaidi… es ilegal para ellos comentar la situación, debido a las reglas federales de protección de datos personales, y que le desean lo mejor a Correa.

    En cuanto al análisis de la transacción técnica, esto resuelve el dilema del cuadro de San Francisco, permitiéndoles mantener a Brandon Crawford en su posición natural, y abre la tercera para David Villar, quien bateó bien allí durante tiempo limitado la temporada pasada, y Wilmer Flores. Es casi un alivio para ellos, en realidad; simplemente tienen demasiados buenos jugadores. Los Mets, mientras tanto, pondrán a Correa en la tercera base, donde probablemente pertenece o al menos pertenecerá en poco tiempo, junto a Francisco Lindor. Por lo demás, todo lo que dijimos antes sobre Correa sigue siendo cierto, excepto que con más color azul. Esta es una situación que dice mucho más sobre los equipos en juego que sobre el jugador, una entidad conocida.

    Los Mets se han consolidado como el equipo a batir en todo el béisbol, tanto desde el punto de vista de la proyección como de rival odiado. Su alineación consta de ocho excelentes bateadores y, curiosamente, Omar Narváez; el prospecto Brett Baty está ahora bloqueado, y normalmente sería un objetivo de canje, excepto que no está claro por qué insistirían los neoyorquinos en canjearlo. ¿Otro relevista? ¿Otro jardinero? ¿Servir como estado vasallo?

    Como era de esperarse, hay un gran alboroto por la creciente división entre la nómina de los Mets y el resto de la Liga, dado que su impuesto de lujo supera ahora la nómina de media Liga. Y como escribí cuando los Mets firmaron a Brandon Nimmo y Kodai Senga, estas quejas son casi totalmente injustificadas. Steve Cohen es un hombre rico; también lo es el presidente ejecutivo de los Twins, Jim Pohlad, cuya compañía tenía un patrimonio neto estimado de $3,600 millones en 2019, y quien supuestamente se quedó corto en la puja por Correa por un total de $5 millones. No importa. Los Phoenix Suns acaban de venderse por $4,000 millones, y estas ventas son los únicos momentos, como un destello de luz cegadora, que revelan cuánto vale un equipo. Aumentan los ingresos, aumentan las nóminas, pero ni lo uno ni lo otro se comparan con los intangibles del activo del balance. Lo eclipsan todo.

    Los Giants, por su parte, se sacaron a sí mismos del trato, en una variante a gran escala de la vieja práctica de los Orioles de utilizar los Rayos X como etapa final de la negociación. No está claro, y quizás nunca lo estará, si los propietarios de los Giants cancelaron el acuerdo porque decidieron que no podían permitírselo, o si estaban apostando por recortar unos cuantos dólares del pago final y se quemaron. Desde el punto de vista de los aficionados, cualquiera de las dos cosas es reprobable. No puede haber otra excusa; pretender que los exámenes médicos de Correa eran una preocupación que alteraba la franquicia, cuando el equipo dio luz verde a los exámenes médicos de un tal Mitch Haniger, es francamente un poco insultante.

    Para San Francisco, ahora, la idea de “bueno para siempre” se ha desvanecido. Sin otros agentes libres destacados que firmar, con los cimientos del improbable equipo de 2021 que se han marchado o que se marchan antes que nadie, y con la habitual plantilla de herramientas especializadas de baja calidad, los Giants parecen contentos en producir un facsímil razonable de béisbol competente hasta que llegue el momento, si es que llega, en que su renovado sistema de ligas menores produzca Carlos Correas gratis. No son un mal club de béisbol, como moneda compuesta; incluso proporcionarán una experiencia agradable a la gente que quiera asistir a un partido de béisbol en una noche de verano. Pero tal vez no cinco de ellos.

    Para Nueva York, lo de anoche acabará siendo un párrafo en la historia del ataque invernal del equipo al deporte, otro caso de intervención decididamente no-divina. Para la ciudad de San Francisco, supondrá una importante bifurcación en la historia de la franquicia, dejando a los aficionados la libertad de preguntarse cómo habría sido el otro camino. Correa se convertirá, para los seguidores de los Giants, menos en una persona que en un fantasma, el cuervo de la estantería, algo que sólo existió a medias a través de los ojos de la locura. No habrá tarjetas de béisbol que conmemoren el acontecimiento. Pero sí habrá algo: la mayoría de los vendedores de camisetas sospechosas ya han retirado sus existencias, pero en el momento de escribir estas líneas todavía puedes comprar tu propia camiseta de Correa de los Giants en eBay. La R y la L de Carlos se le clavan un poco en el casco, pero bueno, el diseño gráfico no es fácil, y el troll es eterno.

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